Patrimonio urbano
Santa María de la Soledad Torres Acosta
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Descripción
Titulo:
Santa María de la Soledad Torres Acosta
Fecha:
1991
Lugar:
Madrid
Descripcion:
Plaza de Chamberí, 7
Distrito: Chamberí
Colocada en el año 1991
Editor: Ayuntamiento de Madrid
Tipo:
Placa conmemorativa
Signatura:
s/sig

Comentario
Este convento de las siervas de María fue fundado por la madrileña SANTA MARÍA DE LA SOLEDAD TORRES ACOSTA que aquí falleció en 1887

Estas Siervas de María de la plaza de Chamberí salen cada día al anochecer hacia las casas madrileñas que tengan un enfermo que velar. El espíritu de este servicio fue trasmitido por la madre Soledad Torres Acosta, canonizada por el Papa Pablo VI el 25 de enero de 1970. Su vida fue el Instituto de Las Siervas de María y su carisma la atención domiciliaria a los enfermos. Ella llenó de espíritu de servicio esta Congregación, hoy extendida por Europa, América, África y Asia.

Madre Soledad nació en 1826 en la calle de La Flor Baja y se le bautizó con el nombre de Manuela, que luego abandonó en la vida religiosa por considerar que Soledad indicaba más la actitud de entrega al enfermo, al agonizante. Las Siervas de María fueron fundadas por el párroco de Chamberí, Manuel Martínez Sanz, el 15 de agosto de 1851, que haciendo suya la necesidad de atender a sus parroquianos enfermos, eligió a siete señoras piadosas de los Círculos Católicos que profesaran en la Regla de los Servitas. Sus sedes estuvieron en las calles Castillo, Santa Feliciana y Arango. El 22 de abril de 1883 se trasladaron a esta Casa y profesaron en la Regla de San Agustín. Fue el arquitecto de la Almudena, el Marqués de Cubas, el que compró el solar y las ayudó a sacar adelante este proyecto.

Madre Soledad acepta el cargo de directora general de la Institución y a través de la misma marca un estilo de vida. Una de las hermanas recordará: “Su caridad no tiene límites, la violeta es el emblema de la nueva fundación, porque la humildad, como la violeta, se descubre mejor por su olor suave: era sensibilísima la sencillez y naturalidad con que hacía las cosas más sublimes. Supo hacer frente con las monjas a dos epidemias de cólera, sin miedos ni descansos, con ella el pan se multiplicaba en sus manos, sus deseos eran llegar allí donde el dolor tenga rostro humano.”
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