Patrimonio urbano
Café La Fontana de Oro
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Descripción
Titulo:
Café La Fontana de Oro
Fecha:
1990
Lugar:
Madrid
Descripcion:
C/ De la Victoria, 1
Distrito: Centro
Colocada en el año 1990
Editor: Ayuntamiento de Madrid
Tipo:
Placa conmemorativa
Signatura:
s/sig

Comentario
Aquí estuvo desde los tiempos de Carlos III hasta los de Isabel II LA FONTANA DE ORO, famoso café de Madrid

Acabó esta novela Galdós en diciembre de 1868. Es una novela de fuerza literaria, de categoría expresiva que no parece que sea su primera novela. En ella se repasa el aspecto y el ambiente político de un Madrid ferviente.

Entre los amores de Clara y Lázaro, Galdós va presentando situaciones en que la honradez y hombría de los liberales y su causa se ponen de manifiesto.

Galdós es el mejor narrador del café: “…El Club más concurrido, el más agitado, el más popular de los clubs: la Fontana de Oro… Es preciso destacar dos recintos, dos hemisferios: el correspondiente al café y el correspondiente a la política… Al principio el orador se ponía de pie sobre una mesa, y hablaba, después el dueño del café se vio en la necesidad de construir una tribuna.

Era estrecho, irregular, casi subterráneo… El humo de estos quinqués, el humo de los cigarros, el humo del café, habían causado considerable deterioro en el dorado de los espejos, en el amarillo de los capiteles, en los jaspes y en el friso clásico. Solo por tradición se sabía las figuras y el color de las pinturas del techo, debidas al pincel del peor de los discípulos de Maella.

Los muebles eran muy modestos: reducíanse a unas mesas de palo, pintadas de color castaño, simulando caoba en la parte inferior, y embadurnadas de blanco para imitar al mármol en la parte superior, y a medio centenar de banquillos de ajusticiado, cubiertos con un cojín de hule, cuya crin, por innumerables agujeros, se salía con mucho gusto de su encierro.

El mostrador era ancho: estaba colocado sobre un escalón, y en su fachada tenía un medallón, dos estantes donde se encerraban hasta cuatro docenas de botellas. Por encima de las botellas, por encima del estante, por encima de los hombros del amo se veía un gato enorme… se llamaba Robespierre.

En este local que hemos descrito se reunía la ardiente juventud de 1820”
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