Patrimonio urbano
Oratorio del Caballero de Gracia
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Descripción
Titulo:
Oratorio del Caballero de Gracia
Fecha:
Entre 1 de Enero de 1786 y 31 de Diciembre de 1786
Descripcion:
Calle de Caballero de Gracia 5 c/v Gran Vía.
Contraste entre sus dos fachadas; la de la calle de Caballero de Gracia es de estilo neoclásico con pureza de líneas y medio relieve de la Última Cena sobre el dintel de la puerta de entrada. La fachada a la Gran Vía, potencia, mediante un gran arco en el centro del edificio, al oratorio, a la vez que la proteje y cuida el entorno edificado del resto de edificios de la calle.
Interiores: La iglesia posee una columnata corintia de estilo neoclásico. Arcos decorados con casetones y cúpula pintada con frescos.
Tipo:
Edificios
Signatura:
s/sig
Núm Inventario:
s/n

Comentario
La fundación tiene su origen en la donación realizada en 1603 por el caballero Don Jacobo de Grattis a las Religiosas Descalzas de la Purísima Concepción, que fue más tarde ampliada con la adquisición de otras fincas. En 1662 se inauguró un primer oratorio, más modesto que el actual, situado en el mismo lugar. En 1781 la Congregación de Indignos Esclavos del Santísimo Sacramento, propietaria del edificio, decidió reformarlo y ampliarlo, para lo cual se adquirieron unas casas particulares que existían con fachada a la calle de San Miguel, desaparecida cuando se abrió la Gran Vía.

Encargaron el proyecto a Juan de Villanueva, quien, a pesar de estar ocupado en numerosas obras reales, decidió aceptar el encargo ante la oportunidad que éste le daba de construir un edificio religioso. La Congregación le había pedido en principio una reforma y ampliación del oratorio existente, pero Villanueva presentó un proyecto de nueva planta que fue adoptado finalmente.

Es una iglesia de planta basilical con ábside semicircular y tres naves separadas por una espléndida columnata corintia del más puro estilo neoclásico con catorce piezas de fuste monolítico que sustentan una bóveda de cañón decorada con florones. Las naves son de distinta anchura, pues las dimensiones del solar sólo permitían una gran nave central. Villanueva demuestra su gran maestría manejando las limitaciones del espacio, pues consigue crear grandiosidad y monumentalidad utilizando los elementos arquitectónicos con acierto. La ruptura de la bóveda y del ritmo de la columnata mediante la presencia de una cúpula permite crear el efecto de un crucero que en realidad no existe e iluminar potentemente el presbiterio mediante cuatro grandes óculos situados en el tambor. Dicho presbiterio retoma brevemente la bóveda y resuelve la exedra mediante una hornacina en cuarto de esfera.

Las obras fueron dirigidas desde el principio por el ayudante de Villanueva, Antonio de Abajo, ante las múltiples obligaciones del maestro con las obras oficiales. Sufrieron varias paralizaciones importantes, entre otros motivos por problemas de financiación, que llevaron finalmente al cese de Villanueva a finales de 1794. Para entonces el Oratorio estaba casi terminado, a falta de obras de remate y decoración interior, que fueron acabadas por Pedro Arnal, a quien debemos la resolución de la parte del coro a los pies de la iglesia. La fachada a Caballero de Gracia quedó pendiente y no se resolvió hasta que en 1826 Custodio Teodoro Moreno ejecutó el proyecto de Villanueva de 1789 con ligeras modificaciones. Las obras acabaron definitivamente en 1832, cincuenta años después de haberse iniciado.

La cúpula fue pintada por Zacarías González Velázquez entre 1782 y 1783. El tabernáculo del altar mayor es también obra de Villanueva y fue adquirido en 1873 a la Sacramental del Hospital. Cuando se abrió la Gran Vía se decidió dejar intacto el Oratorio, pero se derribaron las construcciones anejas que Villanueva había proyectado para la Congregación y que albergaban la sacristía, sala capitular y habitaciones para los congregantes, con fachada a la desaparecida calle de San Miguel. Carlos de Luque realizó entonces una nueva fachada de carácter urbano que enmascaraba el edificio religioso, el cual quedaba detrás, y afectaba levemente al ábside semicircular.

En la década de 1970, Fernando Chueca abordó un amplio proyecto de rehabilitación y restitución de elementos originales en el Oratorio, que incluía la reconstrucción del ábside de Villanueva y el consiguiente derribo de la fachada de Luque, para crear una nueva que abriese aquél a la Gran Vía. Solución compleja y discutible, precisó finalmente un concurso convocado por la Comunidad de Madrid para abordarla, optándose por el planteamiento de Feduchi como el más apropiado. Este nuevo frente pretende revelar la presencia del ábside y la cúpula del Oratorio sin renunciar al carácter de la arquitectura del entorno, utilizando así el arco monumental para encuadrar al primero, e integrar los diferentes volúmenes, y buscando un lenguaje paralelo a otros edificios madrileños cercanos, como el antiguo Banco Mercantil o el Palacio de la Prensa.
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