Museo de Arte Contemporáneo
Los despachos de Ramón Goméz de la Serna : un museo portátil "monstruoso"
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Descripción
Titulo:
Los despachos de Ramón Goméz de la Serna : un museo portátil "monstruoso"
Fecha:
2014
Lugar:
Madrid
Descripcion:
Editado por el Ayuntamiento de Madrid, 2014.
178 p. : il. ; 24 cm

Publicado con motivo de la exposición del despacho de Ramón Gómez de la Serna que forma parte de la colección permanente del Museo de Arte Contemporáneo de Madrid, en el Centro Cultural Conde Duque.
Tipo:
Publicaciones municipales
Signatura:
s/sign

Comentario
Ramón Gómez de la Serna (Madrid, 1888 – Buenos Aires, 1963), escritor, inventor de la greguería y figura central de la vanguardia española, pertenece a la generación de 1914, junto, entre otros, con Ortega y Gasset, su epítome, Manuel Azaña, Juan Ramón Jiménez, Gabriel Miró, Picasso, José Moreno Villa, José Gutiérrez Solana o Melchor Fernández Almagro, quien afirmaría, en fecha temprana, que Ramón constituía por sí solo “una generación unipersonal” (...)

Ramón fue un recolector de objetos cotidianos e imágenes recortadas de libros y revistas que le permitieron construir y reconstruir a lo largo de su dilatada vida un ámbito tan personal y peculiar como sus despachos, simbolizados todos ellos por el Torreón de la calle de Velázquez en Madrid. Artefacto complejo, sujeto a múltiples derivas y significados, Ramón se rodeó en los domicilios en los que vivió en Madrid y Buenos Aires, ciudad donde construiría el último de ellos, de una enorme cantidad de objetos demóticos adquiridos muchos de ellos en el Rastro, enclave fundamental en su vida y en su obra, e imágenes recortadas de libros y revistas, pegadas con sindetikón y clavadas con puntas de París sobre paredes, puertas, techos y otros soportes como contraventanas o biombos hasta tapizar literalmente cualquier superficie disponible, con una sobreabundancia proyectiva que recuerda el horror vacui del barroco.

Esos despachos, verdaderas cámaras de maravillas de la modernidad, expresión de lo transitorio, lo fugitivo y lo contingente, o, si se prefiere, en singular, ese despacho, siempre distinto y siempre el mismo, es un vivo ejemplo, paradigma, de su vanguardismo así como una metáfora plástica que ejemplifica con sus mezclas el universo conceptual y artístico de las vanguardias, de las que Ramón fue precursor en el Madrid de su tiempo. Con ese museo portátil que es el despacho ramoniano —recordemos a Miguel Pérez Ferrero que comparó a Ramón con el caracol que lleva su casa a cuestas— se establece un fecundo juego de espejos dentro de nuestro museo, y el visitante tiene la oportunidad de adentrarse, con Ramón como guía, en el epicentro de las búsquedas vanguardistas asociadas con el Cubismo, el Dadaísmo y el Surrealismo, motores de esa fascinante modernidad en el campo de la creación y el arte del primer tercio del siglo XX, de las que Ramón fue también un activo e incansable protagonista. No es extraño que Ortega y Gasset le dijera cuando visitó su Torreón de la calle de Velázquez, símbolo de todos ellos, que fue allí “donde vio claro el secreto del arte moderno”.
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